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Zapatos para el funeral

Los últimos meses habían sido una mierda. Llenos de angustia, miedos y dolor. Mucho dolor. Había visto a su madre deteriorarse poco a poco. En menos de 6 meses pasó de ser una mujer inteligente, elegante, imponente, bien vestida, a ser casi una anciana, delgada, callada y siempre cansada. Cuando la enfermedad empezó a ganarla dejó de salir a la calle. Recibió visitas durante algunas semanas en la sala grande de la casa, con cafe y bocaditos. Pero rápidamente el cansancio era mayor. Dejó de arreglarse, de usar peluca y empezó recibir solo a familiares y amigos íntimos en el escritorio del segundo piso. Las últimas semanas no salió de su cuarto. Se pasaba las horas dormitando en el sillón reclinable arrullada por las conversaciones de las pocas visitas y por el ruido de las máquinas de hospital que la rodeaban. El día del velorio comenzó muy temprano. Eran las 8 de la mañana y ya habían terminado la mayoría de coordinaciones: la iglesia, las lecturas, el ataúd, las flores, el anuncio ...

Malas noticias #1

Hace un par de meses estaba leyendo en la sala de mi casa un libro nuevo. Sábado, 11 de la mañana, todavía en piyama, con la segunda tasa de café en la mano. Y de pronto entra la llamada de mi mejor amiga que vive hace años en EEUU. "Hola!" contesto emocionada, "y esta llamada? A qué se debe la sorpresa?" Inmediatamente me arrepentí de haber dicho eso. Y si es una mala noticia? Yo acá gritando como tonta y quizá es una mala noticia. Pero por qué seré tan negativa siempre. Nunca voy a cambiar. Quizá sí es una llamada de buenas noticas y yo ya estoy pinchando el globito. Silencio. Silencio. Uno de esos silencios intensos que te paralizan y que logran meterse en tu cerebro y en tu cuerpo y hacer que la temperatura del ambiente baje a pesar de estar en pleno verano. "Hola Caro, te llamo porque quiero contarte algo. Te acuerdas de la bolita que me sentí a comienzos de año...." En ese momento dejé de escuchar. En ese momento pasaron tantos pensamientos y se...

Historias de montañas #2

Hace un poco más de un par de meses me trepé a un avión con dirección a Boulder, Colorado. Uno de los viajes más espontáneos de mi vida. La selección del lugar y la compra del pasaje se dió tan solo 6 días antes y después de un rápido descarte a la pequeña lista que había hecho mientras buscaba un plan para el feriado largo de Semana Santa. La selección terminó siendo fácil, un lugar nuevo, a donde tenga amigos que me hospeden y que no cueste exorbitantemente caro. Done, Boulder it is. A diferencia de otras vacaciones, esta sí fue una de escape. Había estado los últimos 5 o 6 meses en otra, cansada, y necesitaba algo que me ayude a salir de la inercia en la que me encontraba. A pesar de estar en pleno verano, mis días se limitaban a trabajar y a dormir. De vez en cuando hacía algo que me distraía un poco, pero para alguien a quien le encanta salir, ir a la playa, el mar... estos "algos" eran absolutamente mediocres. Así que sin mucho pensarlo (tanto que lleve la ropa equ...

Lo que pienso durante una resonancia magnética

Hoy me hicieron una resonancia magnética al cuello, fina cortesía de mi todavía deporte favorito - el surf. Llegué una hora antes gracias a mi poca experiencia con el tráfico atravesando la ciudad, así que me senté en la sala de espera al lado de otros "esperantes". Obviamente agarré mi cel y empecé a tontear en Facebook. Andaba relajada y distraída hasta que mi mente decidió soltarme la siguiente pregunta "Qué es realmente una RM?". Me quedo pensando. De hecho me van a meter a un tubo, se que hay mucho ruido... y de pronto empiezo a angustiarme. Clásica mía llegar sin preparación alguna a situaciones como esta. Por qué seré así? Sigo pensando: me podré mover? Qué pasa si estornudo? Carajo, en ese momento ya estoy sintiendo la alergia venir. Y si me tomo un relajante muscular? Desde el golpe, tengo siempre uno en la cartera. Felizmente me volví a distraer en las redes sociales, en las fotos del fin de semana... hasta que llamaron mi nombre. Entonces me encontré e...

Las mejores ideas se me ocurren en la ducha

No soy una persona de rutinas. Normalmente me despierto, camino al baño, hago pila y hasta ahí llega mi rutina. Hay personas que saben exactamente cuánto tiempo les toma estar listos por las mañanas al punto que cualquier cambio de rutina puede causarles problemas. Siempre me acuerdo de una amiga que era tan maniática que su rutina continuaba en el carro antes de salir al trabajo: ni bien se sienta en el asiento acomoda la cartera en el lado del copiloto, enlaza el asa en la palanca de cambios, saca sus lentes de sol y se los pone en el pelo detrás de las orejas, saca el celular, lo pone en silencio y lo enchufa al cargador, prende el carro, prende las luces, prende el aire acondicionado, selecciona la radio de la mañana, acomoda el espejo retrovisor, aprieta el botón del garaje, se acomoda los lentes en la nariz, empieza a retroceder y recién después de todo esto voltea y te habla. Además la cara de concentración es tal que me hace dudar si mi forma de prender el carro si quiera e...

¿Qué es lo peor que puede pasar?

Un poco antes de terminar el pre grado en Antropología, decidí meterme a un cursito de pintura abstracta en un taller cerca de mi casa. Las clases eran dos días a la semana por las mañanas y como era de esperarse, todas las participantes eran amas de casa cincuentonas. Pero yo lo disfrutaba, no sólo por las horas de pintura, si no también por la oportunidad de desconectarme de los cursos de la universidad y de la presión de estar a punto de graduarme. Más o menos a la mitad del curso empezamos a pintar en lienzos lo que habíamos estado aprendiendo y practicando las primeras semanas. Fue entonces cuando me enfrenté por primera a un miedo que después se me haría bastante familiar. Había pasado ya cuatro sesiones y yo seguía pegada en el primer lienzo. Obsesionada con el detalle y la perfección, avanzaba a paso de tortuga mi cuadro. Perdía minutos mirando el lienzo, decidiendo y mezclando los colores... y cada vez que me disponía a agarrar un pincel me invadía una suerte de angustia y ...